Aprendizaje, Enseñar a leer

¿A qué nos referimos cuando hablamos de una «enseñanza explícita»?

Cuando se habla de “enseñanza explícita” se suele cuestionar si es que no sería mejor que el estudiante descubra por sí mismo un aprendizaje. Frente a este cuestionamiento, Anita Archer, una de las autoras del libro Explicit Instruction, sostiene que no deberíamos ver la enseñanza explícita y la enseñanza por descubrimiento como una dicotomía, sino como un continuum.  En este sentido, en los estudiantes noveles o con dificultades de aprendizaje o cuando la habilidad o estrategia que se va a presentar es nueva, entonces será mejor la enseñanza de forma explícita. Por ejemplo, cuando los estudiantes están aprendiendo a leer y están aproximándose por primera vez a la asociación entre el grafema y fonema, entonces será mucho mejor la enseñanza explícita. Asimismo, se sabe que los estudiantes con dificultades de aprendizaje tienen más ganancias si se aplica con ellos una enseñanza explicita. Mientras que, si el estudiante ya cuenta con una serie de conocimientos o habilidades, entonces lo deseable sería la enseñanza por descubrimiento, siempre y cuando hayan pasado por una enseñanza explícita.

Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “enseñanza explícita”?

En una enseñanza explícita el estudiante recibe una serie de ayudas y son guiados en su proceso de aprendizaje utilizando un lenguaje claro, concreto y demostraciones del objetivo de la enseñanza.

Existen tres pasos que ayudarán en este proceso de enseñanza explícita:

  • Demostración (“Yo lo hago”)
  • Práctica guiada (“Nosotros lo hacemos”)
  • Comprobar su comprensión (“Tú lo haces”)

Sin embargo, no solamente se trata incluir una enseñanza explícita sino también se requiere de mucha práctica. La ciencia cognitiva nos señala que existen tres tipos de prácticas esenciales.

  • Práctica deliberada (aquella práctica con un propósito)
  • Practica espaciada (espaciar las sesiones de aprendizaje es más eficaz que una práctica masiva).
  • Práctica de recuperación (evocar lo aprendido)

Por último, Archer y Huges (2011) señalan 16 elementos a considerar en una instrucción explícita:

  1. Enfocarse en el contenido crítico de lo que se quiere enseñar.
  2. Enseñar las habilidades, conocimientos o hábitos de forma progresiva.
  3. Dividir las habilidades, el conocimiento o las estrategias  en unidades de instrucción más pequeñas. Es decir, enseñar en pequeño pasos.
  4. Diseñar lecciones organizadas y dirigidas hacia el objetivo que se quiere lograr.  
  5. Comenzar las lecciones con una explicación clara de los objetivos de la lección y sus expectativas.
  6. Verificar qué habilidades y conocimientos previos tienen los estudiantes antes de comenzar la sesión.
  7. Demostrar la habilidad o estrategia  paso a paso.
  8. Utilizar un lenguaje claro y conciso.
  9. Proporcionar una serie de ejemplos y no ejemplos.
  10. Proporcionar práctica guiada.
  11. Solicitar frecuentemente respuestas por parte de los estudiantes. Se requiere un alto nivel de interacción
  12. Supervisar de cerca el desempeño de los estudiantes.
  13. Proporcionar retroalimentación inmediata.
  14. Impartir la lección a un ritmo deseado (ni tan lento que los estudiantes se aburran ni tan rápido que no puedan seguir el ritmo).
  15. Ayudar a los estudiantes a organizar el conocimiento.
  16. Proporcionar múltiples oportunidades de práctica distribuida, de recuperación y deliberada.

Referencia:

Archer, A. L., y  Hughes, C. A. (2011). Explicit instruction: Effective and efficient teaching. New York

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